TRES CORONAS

10 cosas que las mujeres envidian de los hombres

http://www.terra.com.pe/mujer/articulo/html/hof94063.htm

Aunque la intensidad ha disminuido en el último tiempo, la guerra de los sexos continúa, sobre todo en las mujeres, que siguen empeñándose en mayor o menor grado, en ser iguales en algunos aspectos a los hombres.

Pero la sociedad ha impuesto algunas estructuras para cada género y, más allá de que las ayuden en algunos aspectos, lo cierto es que muchas veces darían cualquier cosa por ser ellos por un momento para no tener que cumplir con tanta regla. Eso sin contar lo evidentemente fisiológico.

Pueden orinar de pie
Una diferencia obvia y que nos persigue desde niñas, desde esos tiempos en que íbamos a un paseo en el campo y, a la hora de ir al baño, nuestros hermanos y primos sólo buscaban un arbusto para orinar sin problema alguno. Por el contrario, nosotras debíamos tener un cuidado extremo, fijarnos que no hubiera insectos alrededor y, por supuesto, sostener firmemente los pantalones y nuestra ropa interior para no dejar huella de nuestras necesidades.

No tienen que usar tacones
Es cierto, modifican nuestra postura haciéndonos sentir más altas. Pero al final de un ajetreado día de trabajo, nos gustaría dejar la imagen de lado y poder usar los zapatos más planos que encontremos. Ellos por el contrario, siempre pueden caminar horas y horas sin sentir mayor cansancio en sus pies.

No necesitan depilarse
Se ríen de nosotras por las torturas a las que somos capaces de someternos con tal de lucir bellas. Pero claro, si al rozar nuestras piernas con sus manos sienten huella de algunos vellitos, no tardan en recordarnos que no es así como nos prefieren. Y por supuesto que no es agradable depilarse, pero no estamos dispuestas a que nos vean descuidadas, por lo que envidiamos, muy en el fondo, que ellos no tengan que pasar por ese doloroso momento cada 20 días.

No tienen que usar maquillaje
Algunas usan más y otras menos, pero todas tenemos nuestro secreto de belleza para esconder impurezas y hacer que nuestra piel luzca fresca y tersa.

Ellos con suerte distinguen un rímel de un labial, porque salen de la casa luego de ducharse, lavarse la cara y, quizás, aplicarse un poco de crema hidratante. Pero nosotras no podemos pisar la calle sin nuestro kit diario de cremas, bases, polvos, máscaras de pestañas y labiales. ¡Y vaya que dan ganas de dejarlos de lado algunas veces!.

No usan un tipo de crema para cada parte
Otro costo de lucir siempre perfectas. Nosotras usamos hidratante para el rostro, crema antiarrugas y lociones anticelulitis, antiestrías, antiflacidez, anti todo.

Ellos con suerte se aplican un after shave y un poco de crema luego de la ducha, y sería todo. Y nosotras envidiamos que ellos no tengan que sentir la ropa ‘pegada’ en el cuerpo mientras las cremas se absorben en nuestro cuerpo. Todo con tal de vernos siempre bien.

No tienen que sacrificarse por verse sexys
Nosotras usamos escotes, ropa ajustada y, por supuesto tacones para lucir con estilo. Pero eso nos lleva muchas veces a sentirnos un poco incómodas o con algo de frío con tal de vernos perfectas. Ellos no.

Ellos usan pantalones sueltos y camisas cómodas que les permiten moverse con facilidad en todo contexto y escenario. Por eso en algunas ocasiones quisiéramos dejar de lado toda nuestra adicción a la moda para lucir simplemente cómodas.

Pueden tener kilos de más
Hoy en día ellos están un poco más pretenciosos, pero lo cierto es que desde que somos niñas tenemos conciencia de las calorías y luchamos por lucir perfectas en ese jean ajustado que tanto nos gusta.

Sabemos que la sociedad se rige por el factor visual y nosotras, mucho más que los hombres, nos sentimos algo castigadas y discriminadas cuando tenemos algunos kilos de más, ya que incluso dudamos si podemos ser atractivas para otros. Por eso envidiamos que ellos lleven sus kilos de más sin complejo alguno mientras nosotras somos esclavas de la balanza.

Pueden dormir con 100 mujeres
Aunque muchos se empeñen en negarlo, no es lo mismo una mujer con experiencia en el terreno amoroso que un hombre con un amplio prontuario en ese aspecto, al menos en el terreno social.

Ellos son considerados ‘machos’ o ‘ídolos’ por sus amigos mientras nosotras seguimos siendo calificadas como unas ‘cualquieras’, por lo que envidiamos que ellos tengan que luchar con muchos menos prejuicios que nosotras en el diario vivir.

No necesitan mayores preámbulos en la cama
Por lo general, nosotras necesitamos de un ambiente especial y de una preocupación extrema de parte de ellos a la hora de crear espacios para la intimidad.

Ellos por el contrario, ante un simple estímulo visual o incluso un pensamiento pueden conectarse inmediatamente con su sexualidad e ir directo a la acción. Y nosotras los envidiamos porque a veces quisiéramos que nuestra mente dejara de pensar en tantas cosas a la vez para dedicarnos simplemente al placer.

Pueden ir solos a un bar y nadie dice nada
Otro prejuicio que nos afecta a nosotras las mujeres. Ellos pueden salir agotados del trabajo e ir a instalarse a la barra de un bar para tomar un trago y olvidarse de todo, sin que nadie asuma que anda ‘de caza’.

Nosotras, por el contrario, pocas veces nos atrevemos a salir solas a tomar un trago y escuchar música mientras vemos desfilar a la gente, sin que alguien piense que seguro queremos ‘algo más’. Por eso envidiamos esa libertad que ellos tienen…

Terra Networks S.A.

mayo 31, 2008 Posted by | curiosidades | , | Deja un comentario

¿Si le pongo un nombre raro a mi hijo puedo malograrle la vida?

Esta pregunta coincidió con la noticia reciente de que un niño mexicano fue bautizado como Yahoo debido a que sus padres, haciendo gala de un romanticismo circense, querían inmortalizar la suerte de haberse conocido a través del chat. Según el cable de esos días, “los padres del menor fueron advertidos (…) de que ese nombre puede causar daño psicológico y afectar la identidad del niño, pero aún así los progenitores hicieron el registro”. Entonces me puse a revisar y encontré que esto no es necesariamente cierto. La prueba la dio hace tiempo un hombre en Estados Unidos que tuvo la gracia de jugar con los nombres de sus dos últimos hijos: a uno le puso Winner (Ganador) y al otro Loser (Perdedor).

La historia es como sigue: En 1958, un hombre llamado Robert Lane, quien vivía en un complejo de viviendas de Harlem, en Nueva York, tuvo la idea de bautizar al último de sus varios hijos con un nombre que debía traerle suerte: Winner Lane. Acaso esperaba que aquella palabra (Ganador) fuera tan contundente que lo hiciera escapar a las modestas condiciones de vida que llevaban hasta entonces. La historia se complicó tres años después, cuando los Lane tuvieron otro hijo. “Por razones que hasta hoy nadie ha sido capaz de precisar, Robert decidió llamarlo Loser (Perdedor) “, cuenta el ingenioso economista Steven D. Levitt en el libro Freakonomics (Ediciones B, 2006), que incluye un capítulo sobre la influencia de los nombres en el futuro de las personas. Al parecer, Robert Lane se dejó llevar por un efectismo divertido sin pensar en las consecuencias, porque, de funcionar la lógica en este caso y si Winner tenía el futuro asegurado, ¿qué podía esperarle a Loser?

Pues el destino cambió las cosas: Loser Lane ganó una beca y estudió en un instituto privado, luego se licenció en la Universidad Lafayette de Pennsylvania y más tarde ingresó a la Policía de Nueva York donde alcanzó el cargo de sargento, es decir, el mandamás de una estación. Loser, quien sigue viviendo en NY, nunca disimuló su nombre. Más bien son sus amigos quienes siempre han tenido reparos en utilizarlo. A veces lo afrancesan para que suene “Losier” o simplemente le dicen “Lou”. Su hermano, Winner, fue por la vía contraria y hasta el momento en que se publicó esta historia tenía un prontuario de 30 arrestos por robo, violencia doméstica y otras perlas. “Loser y Winner apenas se hablan. El padre que les dio nombre hace tiempo falleció. Claramente tuvo la idea correcta -que un nombre marca el destino-, pero debió equivocarse con los niños”, ironiza Levitt.

Los noticieros han dado cuenta de extravagancias similares en Venezuela o Ecuador, donde se ha llegado a extremos como en el caso de Estatua de la Libertad Murrieta, Conflicto Internacional Loor o el ya famoso Dos a Uno Angulo. Pero hay que decir que los nombres raros están lejos de ser patrimonio latinoamericano. Según el estudio que cita Levitt, en Estados Unidos “cada vez hay más nombres de marcas (Lexus, Arman, Bacardi, Timberland) y lo que podrían denominarse nombres ‘aspirantes’: los datos de California muestran a ocho llamados Harvard nacidos en los noventa (todos negros), quince Yale (todos blancos), y dieciocho Princeton (todos negros). No había ningún Doctor, pero sí tres Lawyer [abogado] (todos negros), nueve Judge [juez] (ocho de ellos blancos), y dos President (ambos negros)”. Alguien dirá que son nombres menos trastornados, pero acaso cambie de idea al saber que la lista completa incluye a una niña a la que se bautizó como Shithead (tonta, despreciable) y al adolescente Amcher, que recibió el nombre de las iniciales del primer letrero que sus padres vieron al llegar a la sala de partos: Albany Medical Center Hospital Emergency Room (Sala de Urgencias del Centro Médico de Albany).

Por mi parte, siempre tuve dudas respecto al nombre Segundo, con todo el respeto que merece. Si los psicólogos advierten de que un calificativo repetido muchas veces puede afectar a un niño, ¿quiere decir que alguien a quien han llamado Segundo toda su vida tiene menos posibilidades de campeonar en algo que otra persona cualquiera? La experiencia demuestra que esto no es determinante. Sin embargo, mi curiosidad por los nombres me llevó a una rápida revisión de la guía telefónica. Ahora me gustaría saber qué sintió a lo largo de su vida el buen señor a quien sus padres llamaron Robinpastrano, la señora Istaurófila, los señores Foción y Quirino.

 

mayo 6, 2008 Posted by | el club de lo insólito | , , | Deja un comentario