¿Si le pongo un nombre raro a mi hijo puedo malograrle la vida?

Esta pregunta coincidió con la noticia reciente de que un niño mexicano fue bautizado como Yahoo debido a que sus padres, haciendo gala de un romanticismo circense, querían inmortalizar la suerte de haberse conocido a través del chat. Según el cable de esos días, “los padres del menor fueron advertidos (…) de que ese nombre puede causar daño psicológico y afectar la identidad del niño, pero aún así los progenitores hicieron el registro”. Entonces me puse a revisar y encontré que esto no es necesariamente cierto. La prueba la dio hace tiempo un hombre en Estados Unidos que tuvo la gracia de jugar con los nombres de sus dos últimos hijos: a uno le puso Winner (Ganador) y al otro Loser (Perdedor).
La historia es como sigue: En 1958, un hombre llamado Robert Lane, quien vivía en un complejo de viviendas de Harlem, en Nueva York, tuvo la idea de bautizar al último de sus varios hijos con un nombre que debía traerle suerte: Winner Lane. Acaso esperaba que aquella palabra (Ganador) fuera tan contundente que lo hiciera escapar a las modestas condiciones de vida que llevaban hasta entonces. La historia se complicó tres años después, cuando los Lane tuvieron otro hijo. “Por razones que hasta hoy nadie ha sido capaz de precisar, Robert decidió llamarlo Loser (Perdedor) “, cuenta el ingenioso economista Steven D. Levitt en el libro Freakonomics (Ediciones B, 2006), que incluye un capítulo sobre la influencia de los nombres en el futuro de las personas. Al parecer, Robert Lane se dejó llevar por un efectismo divertido sin pensar en las consecuencias, porque, de funcionar la lógica en este caso y si Winner tenía el futuro asegurado, ¿qué podía esperarle a Loser?
Pues el destino cambió las cosas: Loser Lane ganó una beca y estudió en un instituto privado, luego se licenció en la Universidad Lafayette de Pennsylvania y más tarde ingresó a la Policía de Nueva York donde alcanzó el cargo de sargento, es decir, el mandamás de una estación. Loser, quien sigue viviendo en NY, nunca disimuló su nombre. Más bien son sus amigos quienes siempre han tenido reparos en utilizarlo. A veces lo afrancesan para que suene “Losier” o simplemente le dicen “Lou”. Su hermano, Winner, fue por la vía contraria y hasta el momento en que se publicó esta historia tenía un prontuario de 30 arrestos por robo, violencia doméstica y otras perlas. “Loser y Winner apenas se hablan. El padre que les dio nombre hace tiempo falleció. Claramente tuvo la idea correcta -que un nombre marca el destino-, pero debió equivocarse con los niños”, ironiza Levitt.
Los noticieros han dado cuenta de extravagancias similares en Venezuela o Ecuador, donde se ha llegado a extremos como en el caso de Estatua de la Libertad Murrieta, Conflicto Internacional Loor o el ya famoso Dos a Uno Angulo. Pero hay que decir que los nombres raros están lejos de ser patrimonio latinoamericano. Según el estudio que cita Levitt, en Estados Unidos “cada vez hay más nombres de marcas (Lexus, Arman, Bacardi, Timberland) y lo que podrían denominarse nombres ‘aspirantes’: los datos de California muestran a ocho llamados Harvard nacidos en los noventa (todos negros), quince Yale (todos blancos), y dieciocho Princeton (todos negros). No había ningún Doctor, pero sí tres Lawyer [abogado] (todos negros), nueve Judge [juez] (ocho de ellos blancos), y dos President (ambos negros)”. Alguien dirá que son nombres menos trastornados, pero acaso cambie de idea al saber que la lista completa incluye a una niña a la que se bautizó como Shithead (tonta, despreciable) y al adolescente Amcher, que recibió el nombre de las iniciales del primer letrero que sus padres vieron al llegar a la sala de partos: Albany Medical Center Hospital Emergency Room (Sala de Urgencias del Centro Médico de Albany).
Por mi parte, siempre tuve dudas respecto al nombre Segundo, con todo el respeto que merece. Si los psicólogos advierten de que un calificativo repetido muchas veces puede afectar a un niño, ¿quiere decir que alguien a quien han llamado Segundo toda su vida tiene menos posibilidades de campeonar en algo que otra persona cualquiera? La experiencia demuestra que esto no es determinante. Sin embargo, mi curiosidad por los nombres me llevó a una rápida revisión de la guía telefónica. Ahora me gustaría saber qué sintió a lo largo de su vida el buen señor a quien sus padres llamaron Robinpastrano, la señora Istaurófila, los señores Foción y Quirino.